lunes 16 de marzo de 2009

Subo una escalera, es domingo. El lugar es una casa y desde abajo se ve un gran ventanal separado por hierros en pequeñas ventanas. Un ventanal cuadriculado. Desde abajo veo mucha gente parada. La señora que me abre la puerta me dice que cuando termine de subir la escalera me saque los zapatos. Lo hago. Entro.
El espacio es grande pero no han prendido los ventiladores y el aire está estancado. Me quedo cerca de la puerta que está abierta. Si la cosa se trata de respirar lo primero que se me ocurre es que me voy a marear al respirar ese aire.
La gente está sentada en almohadones que reposan sobre una gran alfombra. Todos miran hacia adelante, uno al lado del otro miran hacia adelante, en donde hay un altar con imágenes de Buda y de otros sujetos vestidos como budas o lamas (todavía no se nada del asunto), tapices que cuelgan de la pared (muy coloridos de un género que parece ser seda) y flores. Luego, hacia la derecha, almohadones con una mesa baja en frente y mas allá una gran biblioteca con puertas de vidrio.
Prenden los ventiladores, me proveo de un almohadón y me siento donde encuentro un lugar, cerca de la puerta, claro.
La gente, lejos de estar vestida con túnicas de telas hindúes como me imaginara, llevan jeans, polleras con flores, remeras deportivas, ropa cotidiana, occidental. Yo estoy vestida de negro. Pensé en el atuendo con anterioridad, y había decidido que el negro es apropiado para cualquier ocasión, un neutro.
Después de unos minutos Gerardo, el guía, se sienta frente a la mesa baja. Habla. Gerardo habla de apego, sucesión de momentos sin un hilo conductor, verdad natural de las cosas, libertad, conciencia, oscuridad, luz, sufrimiento, satisfacción e insatisfacción, cambio constante, deseo, avaricia, y otras cosas más. Después da comienzo a la meditación.
Yo respiré, traté de no pensar, mientras veía un corazón que se formaba sin querer en el diseño de la alfombra.
Esa noche soñé que estaba en un bar en el que se podía fumar.

3 comentarios:

Mercadito de barrio dijo...

no logro darme cuenta si te gustó o no.
Me hace acordar a una clase de yoga a la que fui, la primera y última en la que no logré concentrarme un segundo. La mina pretendía que visualicemos una bola dorada que entraba en la piel y otras cosas que me pareciron forzadísimas viniendo de alguien tan occidental.

Rochitas dijo...

Trató de no pensar, cosa muy dificil para Roch, y encima visualizó. Yo creo que encontró un espacio.
Me impacta el detalle con el que describe la escena, así de igualito guardo los "apegos" siempre.
Los items del intructor, mmm. Dificil.

meki dijo...

El buddhismo me cuesta. La parte en que te dicen que no hay alma, que no hay dios ni nada semejante, que no hay nada de nada y estamos solos me angustia demasiado. No debo ser demasiado evolucionada, je.

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