lunes 27 de abril de 2009

Antes no había aceite de oliva, ni aceto balsámico, ni milanesas de soja. Antes las milanesas eran siempre fritas, no al horno. Antes no existía la nafta verde, la mejor era la super.

Antes no había ni HIV, ni dengue, ni fiebre aviar, ni la porcina, ni falta de capa de ozono y no había que ahorrar luz, ni agua.
Antes no había tantos asesinatos, y con mis hermanos íbamos solos al colegio en bondi. También íbamos solos a Córdoba cuando teníamos 5 años o así, y nuestro abuelo Chuchi nos esperaba en Villa María con su sombrero tipo Panamá, para llevarnos en su Taunus a Las Varillas. El Chuchi cocinaba ranas fritas que pescaba en el arroyo cerca de la agencia Ford, también anguilas fritas. Ahora si vas a un restaurant no podés comer ranas porque son muy caras, igual que el pulpo. Ahora mi abuelo se murió.

Mi hermano pequeño siempre me pregunta qué hacía yo de chica. No se acuerda de mí de chica. Se acuerda de mis otros hermanos pero no de mí. Yo tampoco me acuerdo qué hacía, pero sí me acuerdo de él. Del primer día que fue al colegio con sus bermudas de franela gris, la camisa blanca, la corbata verde y una mochila amarillo chillón. Hay una foto. Yo veía cuando se la sacaban desde el auto. Teníamos un Peugeot 504 o 404, no sé, amarillento, rural, de esos grandes. Ahora esos no se hacen más. También me acuerdo del Peugeot 504 gris, estacionado en el mismo lugar que el amarillo, unos años después, cuando mis papás nos decían que se iban a separar. Ahora no me importa que se hayan separado. Antes sí. Antes mi hermano menor era el preferido de mi papá. Ahora no se entienden.

Antes creía que me iba a casar a los 23 y que iba a tener 4 hijos. Ahora creo que no quiero tener hijos. Definitivamente no quiero casarme. Y tengo 33. Antes odiaba los gatos y ahora tengo a Frida.

Antes creía que era buena actriz, ahora no lo creo, ahora creo que no quiero actuar nunca más.

Antes usaba pantalones de tiro alto, y camisas con hombreras y tenía el pelo largo por la cintura, también un jopo para el costado. Ahora a veces no me sube el pantalón, el pelo no me crece y me tapo las canas con tintura.

Antes no cojí con nadie hasta no encontrar al tipo que se enamorara de mí. Ahora cojo bastante y no se enamoran de mí.

Antes leía más libros, iba al cine, estudiaba. Ahora casi no leo, veo dividís y me embrutezco cada día más.

Ahora quisiera tener la capacidad de hacer que lo que quiero se cumpla. No se muy bien qué quiero. Quizás después sí.

4 comentarios:

Rochitas dijo...

La ausencia de un sueño claro, creo al menos, es lo que nos hace perdernos en el laberinto.
Me se identifica con sus últimas líneas muy mucho, y con unas cuantas más que ni le cuento.

Protervo dijo...

me gustó leer esto.

Maggie dijo...

me encantó leerla, Maráina.

Galgo dijo...

Dramáticamente preciso, y precioso (desde el recuerdo).

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