lunes 18 de mayo de 2009

El tío Diego vino de visita. El tío Diego vive en Santa Rosa de Calamuchita, Provincia de Córdoba. Es el marido de mi tía Ele. Es joyero. Hace cosas en plata. Mis últimas vacaciones fueron en su Casita. Tienen su casa en el pueblo y la Casita en las sierras. Santa Mónica para ser precisos (no en L.A, en Córdoba, ya lo dije).

Tiene mucho pelo, y lo tiene todo blanco. Es muy buen mozo el tío. Con mi tía se conocieron cuando tenían treinti, los dos andaban medio perdidos en la vida, como andamos todos, y decidieron irse a vivir fuera de Buenos Aires. Cayeron en Calamuchita.

Al principio alquilaban una casa en el centro que daba al río. La primera vez que fuimos a visitarlos yo me di cuenta de que ésa era la casa porque reconocí una camisa blanca con flores de mi tía. La camisa colgaba de una soga mientras se secaba al sol. Después vivieron en un bosque, en una casa que parecía la de Caperucita Roja. Más adelante compraron la casa en la que viven ahora. Les empezó a ir bien a mis tíos. Construyeron la Casita en las sierras.

Antes de eso, lo tuvieron a mi primo Pancho. Pancho es un gran tipo. Ahora tiene 16 o 17 años y está alto y flaco. De chico no era tan flaco, y como le gustaba mucho nadar, mis hermanos le decían El Niño Foca. Ahora le sigue gustando nadar. Nada muy bien crol. A mí me cuesta el crol, así que cuando nadamos en las ollas del río, él nada crol y yo pecho.

Un año fuimos a visitarlos mi hermano Tomás, su mujer y yo. Fuimos a El Durazno. En El Durazno hay piedras altísimas desde donde algún que otro loco se tira al río. Mi hermano Tomás está loco. Se tiró de una roca que era como tirarse de un quinto piso. Su mujer y yo no queríamos que se tire. NO NO, NO TE TIRES le decíamos. Mi hermano se tiró igual. Lo vimos desde abajo. Las patas se le movían mientras caía. Yo me tiro de algunas rocas bajas, me dan vértigo las altas. Me gusta tirarme por las partes fuertes e ir rebotando en las piedras. Me lastimo bastante. Me gusta el agua de río. Mi hermano mayor me dijo una vez, que era una ballena, que yo era una ballena. A veces nos reímos con mi hermano mayor. A veces nos peleamos.

El tío Diego vino a hacer compras para su taller, y me llamó porque tenía una misión. A pedido de la tía Ele, debía verme para inspeccionar cómo y en qué andaba. El tío Diego es de escorpio, también. A veces me habla en un idioma que no entiendo. A veces nos entendemos. Esta vez nos entendimos. Hablamos de proyectos, de relaciones, de pasados y futuros. Le conté de mi falta de coraje. Me dijo que a todos nos pasa más o menos lo mismo, y que hay que hacer, justamente por eso. Porque a todos nos pasa más o menos lo mismo. Fue reconfortante.

Hablar con el tío Diego me dejó con la sensación de que tengo que hacer eso que hago en el río: tirarme desde donde puedo, golpearme un poco y nadar como me salga. Siempre va a haber alguien más valiente o que nade mejor crol, pero todos estamos en el río. Y en el río hay que nadar, sino te ahogás.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

nadaL como un peshhhhhhh

Maggie dijo...

nade Señora, nade.

Carolina dijo...

Cómo te entiendo Marine!! al agua sin pensarlo tanto. hace poco leí algo de un tipo que decía que el kung fu le servia para parar el bocho. besos

Rochitas dijo...

su último párrafo es de colección.
Hay períodos de nadar para donde lleva la corriente y otros de plancha total. Pero como remarlos, como manejar la ansiedaT es el asunto...

Acercandra dijo...

Usted es sabia, sólo le falta atreverse.
Buen salto!

verotis dijo...

me encanto la historia!!!

Anónimo dijo...

Marin, hace siglos que no visitaba los blogs -- ni el tuyo. Qué buen post. Gracias por compartir la reflexión. Muy edificante. Beso

Cosima

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